Yoga en días oscuros

Cuando aparecen las sombras

Uno de los grandes beneficios del yoga es el aporte de conciencia a nivel integral para nuestro cotidiano. Y ya sabemos que en ese cotidiano a veces aparecen días nublados, días con una carga añadida de conflictos, pesadez, angustia y preocupaciones. Sí, días que nos encantaría borrar del calendario, pero que ahí están, evidenciándose.

En mi tierra hay una expresión que me encanta que dice “lo que éh, éh”, que si lo traducimos desde el granaino vendría a ser: “lo que es, es” ;-). Me alucina la sabiduría que contiene esta sencilla frase, aunque creo que me alucina más cuánto nos empeñamos en negar ciertas realidades, como puede ser, estar en uno de esos momentos más sombríos.

En general, cuando notamos este tipo de situaciones solemos salir despavoridos, huimos, negamos… no queremos verlo. Si alguien me pregunta como estoy respondo sin dudar: “Yo? bien, todo bien”. Y sigo diciéndome como puedo por dentro: “Estoy bien, estoy bien, estoy muy bien…” 20130906_120707 - copia

Y bueno, quizás de vez en cuando sea efectivo este mantra de autoengaño, pero me parece que en más de una ocasión estas repeticiones, o fijar la mirada hacia otro lado para no reconocer lo que duele, o llenarte de mil actividades, o zamparte un buen bollo de chocolate (lo reconozco, éste es mi escaqueo favorito), no terminan de funcionar y la oscuridad sigue estando ahí, de hecho más grande y temible si cabe.

Entonces, esa presencia (llámala como quieras: malestar, desasosiego, agotamiento, dolor, crisis existencial, falta de autoestima, tristeza, etc.) se revela desde una intensidad que nos resulta muy difícil manejar, a veces incluso desembocando en ansiedad, depresión u otro tipo de alteraciones internas.

En mi opinión el llegar hasta este punto extremo se debe, en parte, a no haber podido o no haber querido “dialogar” con esa realidad, que, aunque compleja y costosa, esconde también una gran riqueza y aporte.

Respirando lo que es 

Si tuviera que elegir por dónde comenzar desde todo lo que me ha enseñado el yoga en estos años, hoy que, me sincero, tengo un día bastante oscuro, te diría que comenzáramos respirando lo que hay.

Inhalar y exhalar.

Dejar venir y dejar ir.

Una fórmula mágica.

Inhalo: dejo que esa realidad que ES (repito ES: sin más juicios, sin rechazos, sin críticas o valoraciones) entre en mí, total, ya está en mí por más que intente negarla. La acojo, la observo, establezco un diálogo íntimo con ella. Un diálogo desde todo mi Ser, no solo desde la parte más racional e intelectual que, a estas horas, ya está bastante confundida. Reconozco, desde la aceptación, qué tiene por decirme.

Umm… sí, estoy triste; sí, duele esta situación concreta; sí, me gustaría que fuera de otra manera; sí, no lo soporto más; sí, estoy perdida/o, sí, percibo una gran soledad…

Sí… ahí está, reconozco lo que hay.

Y desde este lugar exhalo, suelto. Apuesto por desengancharme del patrón que victimiza o culpabiliza, que agranda la situación, que la niega o que lucha contra ella sin muchas oportunidades de triunfo. O pruebo a dejarlo para otro momento pues ahora estoy muy ocupada centrándome en mi respirar.

Vacío, vacío, vacío. Libero lo que ya no va, lo que ya no necesito ni me hace bien. No me aferro, no me engancho, dejo ir…

Reconozco la impermanencia, todo en continuo movimiento, al igual que mis respiraciones:

Y vuelvo a inhalar, sin rechazos…

Y vuelvo a exhalar, sin apegos… PicsArt_1413514211014

Guau… parece que algo empieza a estabilizarse, quizás porque voy desacelerando el ritmo vertiginoso de la mente o porque me estoy dedicando ese tiempo que mi alma necesitaba y que me estaba gritando con ayuda de la ansiedad o la tristeza. Quizás se trate de que me voy recargando con estas respiraciones profundas, conectando con mi centro y desde ahí con mi energía vital.

O puede, desde lo sencillo, porque estoy más presente respirando… lo que hay.

El yoga y sus herramientas para días oscuros 

Te invito a que lo pruebes cuando vuelva a aparecer un momento de oscuridad. Deja que sea y respira. Seguro que tiene mucho por decirte, seguro que no es tan temible. Permite que se establezca el encuentro desde la escucha y el respeto.

Y toma conciencia: ¿Qué has sentido? ¿Cómo reaccionaba tu mente más enjuiciadora al tener que enfocarse en el inhalar y exhalar? ¿Has notado algún beneficio al centrar en esta danza interna de la respiración? ¿Qué tenías por decirte a ti mismo que no podías ver al empeñarte en negar esa realidad más sombría?

En próximos artículos seguiré escribiendo sobre cómo el yoga puede ayudarnos a vivenciar desde un lugar más equilibrado estos colores densos: desde lo corporal, la meditación, los sankalpas, el movimiento consciente, la autorregulación corporal y un amplio etc. que se irá nutriendo desde elementos que tú también encuentres a través de esta antigua y al mismo actual ciencia de Vida.

En mis clases de yoga te invito a crear un refugio protegido y cálido para los días oscuros (sin olvidar los días de soles y lunas, los de tormenta, los de brisa fresca…). Partir de dedicarte un tiempo, de reconocerte, de ir centrando, de recuperar las herramientas que tod@s llevamos dentro para ir danzando con las diferentes melodías que van dándose en nuestro camino.

Escrito por: Paula Vives Entrena

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