Lo que libera (y no) del yoga

Lo que no libera del yoga

Hace unas semanas escuché algo dentro de mí que me puso muy triste: “No, el yoga no me libera”. Al principio negué con contundencia este sentir pero viendo que ahí seguía, me permití observarlo sin rechazar, dejar que se diera el diálogo.

Y así empecé a tomar conciencia de algunas de las incoherencias que a veces se establecen desde el yoga y que alejan de su significado original:

– Lo que no me libera es una práctica que tiene que ver con lo forzado para llegar a ciertas posturas (físicas o mentales).

– Lo que no me libera es tener que entrar casi con calzador al molde de la yoguini ideal.

– Lo que no me libera es cargarme con más morales, preceptos y normas rígidas que dictaminan cómo tengo que vivir mi cotidiano sin haberme permitido cuestionarlo y, sobretodo experimentarlo por mí misma desde una mirada amplia y sincera.

– Y no, obviamente no tiene nada que ver con la liberación las formas superficiales de imitación, la palabrería de diccionario espiritual añejo y desenraizado o cualquier tendencia (por muy natural o mística que sea) que no me respete como soy, en mis luces y mis sombras.

PicsArt_1414704027485Son tendencias que desgraciadamente se enlazan a menudo con el yoga (como profes y como practicantes) y están generando bastante confusión acerca de lo que verdaderamente significa esta experiencia.

Y es que, aunque sea muy antiguo en su cuna, el yoga recién llega a nuestra sociedad Occidental y eso hace que debamos ponerle bastante atención para, de a poco, ir haciéndolo nuestro, adaptarlo y reconocer qué nos ofrece de libertad, salud y equilibrio, todo ello sin perder su tradición y origen.

En base a esto, recordemos que todo yoga surge con el objetivo de centrar y estabilizar la mente (YogaSutra I.2: “Yoga citta vrtti nirodha”) y recuperar la conexión con nuestra esencia. Si no incluimos esta inspiración en nuestra práctica, considero que nos estaremos alejando bastante del potencial de liberación que nos ofrece el yoga.

  

Lo que sobrecarga del yoga

Por otro lado, si detenemos un momento para mirarnos y mirar a nuestro alrededor, es fácil reconocer la saturación que tenemos. Estamos llenos de actividades, de objetos que apenas necesitamos, de información (muchas veces deformada), propuestas, reuniones, planes…

Ni que decir tiene lo recargados que vamos nosotros mismos, vestimos trajes de personajes que creemos ser: desde nuestra profesión, nuestra personalidad o a veces incluso desde nuestras desgracias. Portamos estas “vestimentas” para demostrar, simular y lograr que nos quieran por eso que aparentamos.

Y hablando de yoga, lamentablemente también solemos caer en ese llenarnos y sobrecargarnos. A veces la paradoja se da por ejemplo desde lo feliz que se siente nuestro ego cuando hemos “hecho” muchas ásanas en una clase, parece que “cuántas más mejor”. O cuando nos hemos identificado demasiado con una sensación súper bonita que nos ha embargado en una experiencia meditativa y no la queremos soltar. O también cuando la práctica se convierte en una fachada más que crea coraza y nos aleja de nuestra esencia: me pongo el traje de de yoguini o yogui y parece que ya tengo el cielo asegurado.

Cuestionándonos un poco

En relación a todo esto, pienso que hay que tener cuidado con algo que yo llamo “la moral de la espiritualidad” y que lejos de liberarnos, aligerarnos, aportarnos paz o autorregulación, nos va castrando hacia unas estructuras rígidas que nos mantienen más atados, consiguiendo que se repita el modelaje inconsciente no muy lejano a otras morales que tanto criticamos.

Igual que sucede con esos forzados corporales que mencionábamos antes y que en alguna ocasión derivan en auténticas agresiones al cuerpo al centrarse más en la imitación a la estética que en una experiencia que serena y purifica.

O toda la sobrecarga proveniente del acumulado de conceptos, teorías y parámetros que a veces incluso, convertimos en obligaciones que nos rigidizan más.

Como profesora de yoga también me encuentro con estas cuestiones, pienso que si el yoga no parte de la aceptación y el respeto hacia nosotros mismos, empezaremos a crear grandes contradicciones pues, si es ésta una ciencia que tiende a liberarnos, ¿cómo puede llegar a darse una práctica desde lo pesado, lo exigente y la sobreacumulación? ¿No debiera esta disciplina milenaria iniciar de quienes somos cada uno de nosotros y a partir de ahí irse acomodando a nuestra realidad PicsArt_1414925926920desde el momento presente?

El mismo Patanjali subraya en sus Sutras la importancia de adaptar el yoga a las necesidades personales, desarrollando un camino gradual y respetuoso con cada cual. El yoga es un proceso distinto para cada persona, primero porque todos comenzamos desde una realidad concreta y diferente al resto y también porque el objetivo y el camino que nos lleva a alcanzarlo es completamente individual.

Para mí se hace entonces necesario encontrar una experiencia personal y coherente que tienda a liberarnos, lo que conlleva tanto el conectar con prácticas corporales de apertura y equilibrio como el aligerar y desacelerar nuestros procesos mentales, sin olvidar todas aquellas propuestas que puedan contribuir a encontrar una vida más sencilla, enriquecedora y auténtica.

Sé que el yoga, sin duda, nos puede aportar mucho en este sentido.

Lo que descubre el yoga: una sencilla práctica 

Termino compartiendo algo que últimamente intento practicar desde la premisa de lo ligero y de lo liberador que tiene el yoga. Os aseguro que está siendo toda una revelación!

Entro en la postura de savasana (ásana clásica de relajación cuyo significado en sánscrito es “cadáver”), permito que todo mi cuerpo encuentre un buen apoyo en el suelo, un lugar de confianza desde el cual rendirse a lo que es.

Empiezo a encontrar muy poco a poco un estado de presencia dejándome ser, y empiezo a vaciar: vaciado de acciones, logros, máscaras, morales, objetivos, agendas, informaciones, prisas…

Exhalo y renuevo en ligero y puro a través de las inhalaciones.

Siento como si cuerpo y pensamientos se fueran haciendo pesados, muy pesados, agradablemente pesados.

Me voy hundiendo en el suelo, la tierra me acoge, creo una huella desde ahí que me libera de todo aquello con lo que me he ido identificando, a la largo del día, de la semana y a lo largo de la vida.

Savasana y estos minutos conmigo misma me da la oportunidad de ir quitando las capas irreales que me cubren y es, desde ese des-cubrir que me vuelvo a reconocer, en el centro, en algo que tiene un brillo más auténtico.

Namasté

(Agradezco parte de la inspiración de este texto a la experiencia en la formación de “Yoga terapéutico” con Víctor Morera y Grazia Suffritti. Y a ésta por su dossier “Yoga y tradición, una visión terapéutica en el Yoga clásico” del cual recojo algunas frases en este artículo)

Escrito por: Paula Vives Entrena

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Una respuesta a Lo que libera (y no) del yoga

  1. Marga dijo:

    Precioso y sentío. Lo que eh, eh… y hoy soy cadáver, no cuervo. Ya habrá tiempo de echar a volar… O no!! 😉 Un honor, maestra!!

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