Diálogos en clave de Yoga

La trampa de la euforia

Esta mañana me levanté radiante. Quizás por configuraciones astrológicas varias, por mi momento del ciclo menstrual tan expansivo, porque ya tocaba después de tantos días oscuros o, en realidad, tampoco importa mucho. El caso es que me sentía feliz, luminosa, capaz, activa, ¡con ganas de comerme el mundo!

Salto de la cama, realizo mil y unas actividades en tiempo record, corro 50 minutos sin casi pestañear, verborreo por el whatsapp con todo el mundo, la creatividad brota por cada poro de mi piel, los dolores que ayer me pinchaban todo el cuerpo hoy me hacen cosquillas, las flores brotan a mi paso, la vida me sonríe, estoy pletóricaaaaaa!!!!!!!!!!

Meeec!! Salta la alarma interna.

Diálogos en clave de yoga

– ¿Qué pasó?

– Pauli, tranquila, para un momento… respira por favor… respira…

– ¿Por qué? ¡Estoy encantada, es un momento de plenitud absoluta, me siento genial, vivo en un pequeño samadhi!! (*)

– ¿Seguro? Vamos a hacer un pequeño experimento.

– ¿A qué te refieres?

– Intenta volver a tu cuerpo, ¿sientes algo?

– ¿Mi cuerpo?, esteee, pues no sé ni dónde lo he dejado…

– Reconoce tu ciclo respiratorio, ¿cómo está?

– A ver, bueno, la inhalación maravillosa, pero el exhalar… también se me ha perdido…

– Observa tu mente, ¿cuál es su melodía?

– Umm, parece un hervidero descontrolado de pensamientos dispersos hacia cualquier lado.

– ¿Entonces?

– Pero estoy tan bien, esto es a lo que todo el mundo aspira, estar feliz, ¿qué tiene eso de malo?

– No hablamos de bueno o malo aquí, solo de realidades, tomar conciencia de lo que hay, y eso que tú llamas felicidad es un disfraz del que se ha querido vestir tu euforia.

– Pero quiero disfrutarlo, me sienta genial…

– Disfrútalo, experiméntalo y, al mismo, prueba a poner atención a cómo te estás relacionando con ese estado, a cómo lo defines y a cómo te identificas con él.

– Tampoco creo que me esté identificando… yoga y feminidad barcelona tPicsArt_1415948551970

– Sí lo estás haciendo, te estás apegando sin querer ver que esto también pasará. Lo intentas controlar, intentas hacerte con él sin reconocer que, como todo, es impermanente. Es por eso que te cuesta tanto sentir el cuerpo ya que la euforia ha tomado el mando sin respetar lo centrado. En estos momentos no estás nada centrada. Y todo esto lo estás haciendo sin ningún tipo de consciencia en el proceso. Es por eso que he venido para recordártelo.

Además, reconociendo tu respiración ya has visto que hay una clara diferencia entre la inhalación y la exhalación, estás queriendo llenarte, la “dejas venir” sin problema pero aferrándote, sin “dejarla ir”.

Una parte de ti desearía vivir en esa tendencia continuamente debido, entre otros, a que es la energía que más se premia en el contexto que vivimos: “estar bien”, estar en la acción, en la producción y en logro. Un estado luminoso y expansivo que, ni mejor ni peor, pero que es sólo una forma más de las posibles a experimentar. La euforia es una trampa para la mente pues la categoriza como un estado deseable, adecuado, cuando en realidad es una energía extrema, desequilibrada que tiende a elevar sin tener en cuenta la base, la raíz.

– Vaya, es verdad, no me había dado cuenta… Y entonces, ¿qué tengo que hacer?

– No hay nada específico que hacer, de hecho puedes hacer lo que quieras, pero si deseas vivirlo con conciencia prueba a experimentar y saborear todo lo que tiene por ofrecerte este momento recordando su naturaleza mutable. Vívelo como tal mientras estás atenta a este estado, date tiempo para observarlo.

– Bueno, lo intento…

Desde el darse cuenta, desde la “conciencia testigo” (*)

Como puedo, dejo todo lo que estoy haciendo (me lleva sin duda más de lo habitual), apago el móvil (misión cuasi imposible en estos momentos), me siento, cierro los ojos, empiezo a respirar. Con una de mis más preciadas herramientas del yoga, la consciencia testigo, y de nuevo, como puedo en este torbellino mental en el que estoy, observo:

Los pensamientos bullen en aguas de emociones inquietas, las anticipaciones ríen saltarinas, los logros inventados me seducen, los mil nuevos objetivos reclaman mi atención, mi ego inflándose desde el atiborrar de apegos, ataduras, identificaciones y controles.

Y mientras, mi querida Paz interna espachurrada en un rincón, la Serenidad con cara apenada y la Conciencia, que casi no distingo, cubierta por un halo de ignorancia.

 – Vaya, parece que esto no tiene mucho que ver con el estado de mente serena que me propone el Yoga.

– No, sin duda, y tampoco con esa propuesta de Unión con tu esencia de la que tanto te gusta hablar.

– Jo, qué mal lo he hecho…

– No hace falta entrar en el juego de la culpa, el victimismo o los fustigamientos. Sabes por experiencia que no te llevará a ningún espacio de equilibrio.

– Es verdad, pero es que es tan fácil apegarse a estas tendencias, ya sea la culpa o la euforia.

– Sí, tanto el apego como el rechazo son las dos caras de la misma moneda de la inconsciencia.

– ¿Y ahora qué tengo que hacer? estoy perdida, es demasiada la inercia que me lleva a querer agarrar, controlar, hacer mío este estado… Es muy tentador.

– Las soluciones las puedes encontrar dentro, ya sabes que algo que te funciona y te da mucha paz es la sencilla práctica de la respiración consciente, desde la observación. Dejando venir y dejando ir.

– De acuerdo, lo voy a intentar.

Hacia un espacio meditativo

Y de nuevo vuelvo a apagar el móvil (¡y sí! obvio que lo volví a encender en este rato ¿qué te crees?), vuelvo a sentarme, vuelvo a cerrar los ojos yendo hacia ese cuerpo que se me había perdido por el camino y hacia esa respiración que me sirve de guía y compañera fiel. Observo desde la consciencia testigo:yoga y frminidad barcelona yPicsArt_1415947944092

 Espacio interno cargado de irrealidades, de ilusiones vacías de esencia. El control, que se niega a soltar su agarre, campa a sus anchas. La exhalación cuesta, la mente vuela sin raíz en un vendaval…

¡Madre mía! qué difícil es esto… Con lo que me gusta a mí teorizar sobre estos temas y lo complicado que me resulta llevarlo ahora a la práctica. ¡Ah!, importante, que no se me olvide llamar a María… anda, podría hacer esta noche unas verduritas al horno, qué ricas… ¿y si escribo un artículo sobre todo esto? Jiji, cómo va a molar… y a ver si logro cambiar el horario de la clase de mañana a media hora más tarde porque…

– No te pierdas bonita, intenta volver a la respiración, observa

– Uy, es verdad… Observo, observo:

Las aguas del pantano de mi mente se empiezan a aquietar a un ritmo pausado; la euforia parece que se va alejando muy lentamente. La serenidad y la paz recobran su espacio mientras van desperezando. Poco a poco, todo muy poco a poco…

– Umm, vale, ya noto cómo voy desacelerando, y mi cuerpo vuelve a estar más consciente. Bueno, no ha sido tan difícil, es verdad que me había despistado un poco pero ya estoy bien, ya estoy centrada… entonces, ahora que me acuerdo, mejor que ponga ahora la lavadora e igual podría aprovechar e ir a comprar al supermercado y ya de paso me acerco a…

– Ejem, ejem…

– ¡Ay sí! vuelvo a la respiración… observo

 

Escrito por: Paula Vives Entrena

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(*) Samadhi: estado iluminado de conciencia en el que se siente la unidad con lo divino.

(*) Consciencia testigo: una actitud de aceptación y observación imparcial ante las emociones, pensamientos, sensaciones y/o situaciones. Nos permite ser conscientes de que no somos esos eventos pasajeros y de la independencia que existe entre nuestro Ser o Yo profundo y lo que se da en la periferia.

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Gracias a Dolo Coronado por la foto de “El gran Buda de Kamakura”

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